Una Democracia Virtual

Los recientes acontecimientos en Chile – y el Medio Oriente – han puesto de manifiesto el creciente poder de las redes sociales para guiar la acción pública y la influencia sobre definiciones políticas. Apuntando a personas y temas clave, de forma incremental diariamente múltiples grupos aprovechan el poder de coordinación omnipresente de las comunicaciones y las plataformas de los medios sociales para fomentar cambios. Este proceso puede generar consecuencias sorprendentes, por ejemplo, puede liberar de la tiranía y la opresión, como también puede conducir a una mayor agitación y confusión. Mirando hacia adelante, tenemos que preguntarnos: ¿Cómo guiar este proceso para ayudar a garantizar un mejor resultado para todos los involucrados?
En primer lugar vale la pena enfatizar que no estamos frente a un fenómeno del todo nuevo. Existe desde hace algún tiempo. Es el caso de la tecnología SMS que ayudó a derrocar a los líderes de Estado en Filipinas hace más de 10 años. La principal diferencia, es que ahora tenemos muchas más herramientas a disposición, y sorprendentemente, por lo general, no las utilizamos al máximo.
En los últimos meses en Chile, dada la contingencia de los temas energéticos, muchos han llamado a hacer un uso de estas tecnologías de las comunicaciones con racionalidad, en vez de un uso emocional. Esta distinción es necesaria e importante, pues uno podría hablar de una primera generación de usos de los medios de comunicación social, relacionada más a una emocionalidad, y una segunda generación, más vinculada al uso racional de estas tecnologías. Pero ¿Qué significa esa racionalidad? La palabra en sí misma es sinónimo de “lúcido”, “equilibrado”, y alude a un proceso “basado en la razón”. De hecho, una decisión racional es aquella que no sólo es razonada, sino también es un “óptimo para lograr una meta o resolver un problema”. Visto de esta forma, la racionalidad es algo que todos queremos, y sin embargo, todavía eludimos. La política energética actual es distante a la gente, provocando un alto costo político. La forma en que podríamos transitar hacia un enfoque racional, alcanzando la lucidez y el equilibrio en una escala masiva, es mediante la transparencia y participación. Ambas constituyen el núcleo de un verdadero sistema democrático, y ahora más que nunca, tenemos las herramientas para facilitar mayores niveles de participación e inclusión.
En Chile existen mecanismos para la inclusión. Hay sitios web dedicados a la participación pública. Incluso a partir de la aprobación de la ley de transparencia, el Estado se ha abierto a múltilples iniciativas de transparencia activa. A pesar de estos esfuerzos, hay algo muy importante que falta, como lo reflejan las encuestas de opinión que evalúan al gobierno actual. Si se asiste a cualquier protesta, como lo hice hace pocas semanas atrás, es muy probable escuchar de primera fuente lo que siente la población: Este es el poder de unos pocos que quieren salirse con la suya a costa de muchos. Son esos mismos pocos los que están invirtiendo gran capital político y financiero para convencer a los muchos que es una solución óptima para abordar nuestro desafío energético.
En el mundo de los negocios, la democracia industrial o co-gestión, ha sido practicada por décadas en algunas de las empresas más exitosas del mundo. Para aquellos que promueven un real compromiso empresarial con la sociedad, esta es un componente integral de una gobernanza política con visión corporativa, involucrando a los trabajadores en las decisiones y así compartiendo responsabilidades. En este sentido, la política pública no es diferente y lo que se busca es llegar a los electores. Crear un proceso de toma de decisiones informado e inclusivo. Promover un equilibrio y lucidez que conduzca a una verdadera racionalidad. Pero hacerlo de forma correcta y con acertividad. Como hemos hecho en otras áreas, aprendamos de otras buenas prácticas y adaptémoslas a nuestra realidad. Sunlight Foundation es un ejemplo de ello: proporciona herramientas muy fáciles de usar para promover la transparencia. Otras herramientas, como los celulares adaptados a la tecnología web, pueden facilitar el acceso y aumentar la eficiencia de los costos enormemente, combinando la gran presencia de los teléfonos celulares con el poder adicional de Internet. Esta ventaja es aún más importante si se piensa en Chile, donde existe un alto número de celulares que superan incluso el total de la población.
Sin embargo, Chile no sólo se caracteriza por este dato, también es uno de los países que posee uno los más altos niveles de desconfianza en el mundo. Por eso, para el bien de nuestro desarrollo y liderazgo en la región -así como para mejorar nuestro bienestar colectivo- apoyemos esto y fomentemos una sociedad más inclusiva que confíe más. Tenemos dos opciones: podemos liderar la revolución de los medios de comunicación social para que mejore nuestro país, o podemos ver como no se aprovecha esta tendencia, perpetuando la inestabilidad que impide nuestro progreso. La oportunidad está ahí y el tiempo para tomarla es ahora.
Escrito por: Felipe Custer, Cofundador de Equilibra
